
Trauma y terrores nocturnos
El sueño constituye uno de los procesos biológicos esenciales para la recuperación física y emocional. Sin embargo, en personas que han experimentado trauma, este mecanismo puede alterarse de manera significativa. Terrores nocturnos, pesadillas recurrentes y despertares abruptos no son episodios aislados, sino manifestaciones de un sistema neurobiológico que continúa procesando información altamente cargada, incluso durante el descanso.
Estas alteraciones están estrechamente vinculadas con el funcionamiento de dos estructuras cerebrales clave en la regulación emocional y la consolidación de la memoria: la amígdala y el hipocampo. Comprender cómo interactúan durante el sueño y de qué manera el trauma modifica sus patrones de actividad permite explicar por qué la noche puede convertirse en un momento de vulnerabilidad para tantas personas.
- EXPOSICIÓN DE CONCEPTOS
Para entender el trauma y su correlación con los trastornos de la vigilia y el sueño, hay que entender la relación entre el hipocampo, la amígdala y la experiencia traumática.
- El hipocampo: la “biblioteca” de la memoria
El hipocampo es una parte del cerebro que se encarga, entre otras cosas, de guardar recuerdos y ubicarlos en el tiempo y el espacio.
Imagina que es como el bibliotecario que ordena los recuerdos: qué pasó, cuándo y dónde.
Cuando una persona vive una experiencia normal, el hipocampo toma esa información, la procesa y la guarda de forma ordenada.
Pero si la experiencia es muy intensa o traumática, el hipocampo puede verse “sobrecargado” por el nivel de estrés y no logra guardar el recuerdo correctamente.
Por eso, los recuerdos traumáticos suelen quedar fragmentados o muy vívidos, como si no pertenecieran al pasado, sino que estuvieran ocurriendo de nuevo.
- La amígdala: la “alarma” emocional
La amígdala es la parte del cerebro que actúa como una alarma que detecta peligro.
Su función es activar las respuestas emocionales y fisiológicas adecuadas frente a las amenazas: acelerar el corazón, liberar adrenalina, preparar el cuerpo para huir o luchar, etc.
En situaciones traumáticas, la amígdala se hiperactiva y queda “entrenada” para reaccionar ante cualquier cosa que recuerde a la experiencia traumática, incluso cuando ya no hay un peligro real, solo un recuerdo. Es decir, con el trauma, la alarma queda encendida permanentemente.
- Cuando la alarma y la memoria no se sincronizan
En un trauma, el cerebro experimenta un desequilibrio entre la amígdala y el hipocampo:
- La amígdala graba la emoción intensa (miedo, terror, impotencia).
- El hipocampo no logra archivar bien el recuerdo.
Resultado: el recuerdo traumático no se siente como algo pasado, sino que se revive en el presente (por eso en el TEPT —trastorno de estrés postraumático— la persona experimenta flashbacks, pesadillas o reacciones desproporcionadas).
- ¿QUÉ SUCEDE DURANTE UNA CRISIS?
El cerebro tiene diferentes “niveles” de funcionamiento
- Cerebro racional (neocorteza) → Toma decisiones, analiza, planifica.
- Cerebro emocional (sistema límbico) → Gestiona emociones y recuerdos (amígdala, hipocampo…).
- Cuando el cerebro percibe una amenaza intensa o prolongada:
- La amígdala (la alarma emocional) toma el control.
- El hipocampo se “bloquea” (no puede ordenar la experiencia).
- Y la corteza prefrontal —la parte racional— se desconecta temporalmente.
- Cerebro instintivo (tronco cerebral) → Regula la supervivencia, es decir, la respiración, los reflejos y los mecanismos de huida o lucha.
En condiciones normales, estos niveles trabajan coordinados: sientes una emoción, la reconoces y decides cómo actuar. Cuando el sistema límbico está activado, la persona pierde esas capacidades y puede sentirse confundida, desorientada o incluso irreal.
Cuando el sistema de emergencia no descansa
En el trauma, especialmente si la experiencia causante fue intensa o repetida, ese sistema de alarma se queda activado incluso después del peligro.
Entonces es cuando pueden aparecer los síntomas como:
- Flashbacks o recuerdos intrusivos: la amígdala se activa como si el peligro aún existiera.
- Despersonalización o confusión: el hipocampo no logra ubicar el recuerdo en el pasado.
- Reacciones emocionales intensas sin causa aparente: la corteza racional intenta entender algo que no puede controlar.
Todo esto genera una disociación entre pensamiento y emoción. “Sé que estoy a salvo, pero mi cuerpo reacciona como si no lo estuviera”.
- ¿QUÉ HACER DURANTE LA CRISIS?
Primero es importante poder regular el cuerpo (reducir la alarma – amígdala).
Seguidamente, podremos ordenar la mente y dirigirla al momento presente (separar lo que es recuerdo de lo que es presente – hipocampo).

La amígdala hiperactivada, produce:
- Miedo intenso, sobresaltos e hipervigilancia.
- Pesadillas, ansiedad o reacciones impulsivas.
- Dificultad para “pensar con claridad”.
Calmar la amígdala no significa “convencerla de que no hay peligro”, sino hacerle sentir seguridad corporal y emocional. Sólo entonces baja su actividad.
Estrategias que calman la amígdala:
- Seguridad y previsibilidad
- Rutinas estables, entornos sin sobresaltos y tono de voz suave.
- Actuaciones coherentes de las personas de su entorno (el cuerpo percibe la coherencia como un indicador de que “no hay peligro”).
- Respiración lenta y profunda
- Contacto físico seguro o presión profunda
-
- Un abrazo firme, una manta pesada, un masaje suave, etc.
- El cuerpo interpreta: “si puedo relajarme, es que no hay amenaza”.
- Movimiento rítmico
-
- Caminar, balancearse, bailar suave, etc.
- Los movimientos repetitivos ayudan a liberar adrenalina y a estabilizar el sistema nervioso.
- Vinculación y mirada compasiva
-
- La amígdala se calma con la co-regulación: la calma de otro ser humano contagia seguridad.
- Una mirada cálida y un tono tranquilo son señales biológicas de paz.
Desbloquear el Hipocampo a través del grounding
Grounding significa volver a tierra, es decir: volver al aquí y ahora.
Cuando alguien revive un trauma, tiene ansiedad o está desbordado emocionalmente, su mente y su cuerpo se desconectan del presente:
- El cerebro cree que está reviviendo algo del pasado
- El cerebro se adelanta al futuro con miedo
- El cerebro se siente “flotando” o “fuera del cuerpo” (disociación)
El grounding ayuda a reconectar el cuerpo con el momento presente.
Cuando hay trauma o ansiedad, la amígdala se activa (modo alarma) y el hipocampo se desconecta (no sabe en qué tiempo está), el grounding hace que el hipocampo vuelva a orientarse en el presente, consiguiendo:
- Calmar la amígdala
- Restablece la conexión con la corteza racional
- Recuperar sensación de control y realidad
Dicho de una manera menos técnica, baja el fuego emocional y enciende el motor racional.
EJERCICIOS RÁPIDOS Y GROUNDING
Ejercicio rápido (menos de 2 minutos):
“Estoy en mi habitación. Veo la lámpara, una planta, el cuadro azul…
Toco mi manta, siento la tela fría…
Escucho el ventilador…
Estoy aquí, ahora.”
Ejercicio rápido (menos de 2 minutos):
- Mira a tu alrededor: nombra 5 cosas que ves.
- Toca 4 cosas y describe su textura.
- Escucha 3 sonidos.
- Huele 2 aromas.
- Siente 1 sabor o sensación corporal.
- Respira lento y di: “Estoy aquí, ahora mismo. Estoy a salvo.”
Diferentes maneras de trabajar el grounding
El grounding son técnicas para ayudar a la persona a volver al presente cuando está muy activada, disociada, ansiosa o en un flashback. Hay tres grandes formas de trabajarlo: sensorial, corporal y cognitiva.
- Grounding sensorial (el más inmediato)
Se basa en usar los sentidos para anclar a la persona al aquí y ahora.
Algunas formas de hacerlo:
- Mirar alrededor y nombrar 5 cosas que ve.
- Identificar 4 cosas que puede tocar.
- Escuchar 3 sonidos.
- Notar 2 olores.
- Identificar 1 sabor o sensación en la boca.
Esto ayuda al cerebro a ubicarse en el espacio y en el tiempo real, activando áreas que indican que el peligro ya pasó.
Es especialmente útil en crisis, flashbacks o ansiedad intensa.
- Grounding corporal
Aquí se utiliza el cuerpo y el movimiento para volver al presente.
Por ejemplo:
- Sentir el peso del cuerpo sobre la silla o el suelo.
- Apoyar bien los pies en el suelo y notar el contacto.
- Respirar profundo, notando el aire entrar y salir.
- Estirarse, mover los hombros o apretar una pelota entre las manos.
Ayuda a salir de la desconexión y a regular el sistema nervioso.
Le recuerda al cuerpo que está aquí y ahora, no en el recuerdo o la amenaza.
- Grounding cognitivo o mental
Se basa en usar la orientación mental y el pensamiento simple.
Por ejemplo:
- Decirte:
“Hoy es jueves, estoy en mi casa y estoy a salvo.” - Repetir tu nombre, edad o dónde estás.
- Hacer una operación sencilla (contar del 1 al 10, sumar de 3 en 3).
- Recitar una canción o poema conocido.
Esto ayuda a reorganizar la mente, cortar la desorientación y reforzar la sensación de presente y seguridad.
Nota de la autora:
Sé que no siempre es fácil dormir y que incluso con técnicas y estrategias, algunas noches siguen siendo duras. Pero entender lo que pasa en nuestro cerebro y cómo el trauma afecta nuestro sueño puede ayudarnos a sentirnos un poco menos perdidos.
No se trata de aplicar el método perfecto ni de encontrar soluciones instantáneas, sino de reconocer lo que vivimos y darnos permiso para buscar formas de descansar mejor. Si llegaste hasta aquí, recuerda: no estás sola, y cada pequeño paso cuenta para recuperar noches más tranquilas.
Riti De Pineda
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